
No es que sea especialmente significativo para mí el fin de año, pero como todo en mi cabeza está programado para ser feliz he decidido que aprovecharé este último mes para disfrutar.
Carpe Diem, viviendo el día, riendo, comiendo, sentada en una butaca del cine, flotando en una piscina o dejándome arrastrar por la corriente de un río. Recostada al sol o tomando una cerveza en un bar. Leyendo un buen libro, escribiendo tonterías. Extrañando a los que ya no están, amando a los que se quedan.
Soñando con 365 días, 52 semanas, 12 meses mejores.
Por eso, le escribiré mi carta al Viejo Pascuero, a Papá Noel, a Santa Claus o como se llame pidiéndole sólo un par de certezas indispensables y para la esperar el Año Nuevo compraré la ropa interior amarilla correspondiente, me comeré las uvas y daré la vuelta a la manzana con las maletas llenas de promesas e ilusiones.

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