
De Mar adentro (película de Alejandro Amenábar)
Mar adentro, mar adentro,
y en la ingravidez del fondo
donde se cumplen los sueños,
se juntan dos voluntades
para cumplir un deseo.
Un beso enciende la vida
con un relámpago y un trueno,
y en una metamorfosis
mi cuerpo no es ya mi cuerpo;
es como penetrar al centro del universo:
El abrazo más pueril,
y el más puro de los besos,
hasta vernos reducidos
en un único deseo:
Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo, sin palabras:
más adentro, más adentro,
hasta el más allá del todo
por la sangre y por los huesos.
Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto
para seguir con mi boca
enredada en tus cabellos.
No puedo encontrar mejores palabra que éstas. Aún cuando pueda sentarme a la orilla del mar, esto no podría ayudarme a dejar atrás el dolor. Creo que cometí el peor error de mi vida al separarme del hombre que me hacía soñar.
Ese error lo empecé a cometer antes, cuando dejé de creer que sería capaz de hacerme feliz, cuando lo mengüé como una sombra carnívora que consumió sus ganas y sus fuerzas, y de paso, esos sueños.
Me dijo que siempre lo oculté, pero la verdad es que siempre lo guardé para mí.
Como dices tú, compensándote...Maximiliano Gómez, serás siempre el amor de mi vida. Para perdonarme todo lo que te hice, hace falta más que la playa y las olas. Debo estar mar adentro y ahogarme lentamente, olvidando como se hace para respirar...

