
Ya he comentado antes que estar cesante es una de las mejores cosas que me ha pasado por estos días. No sólo es haber salido de esa empresa que ya odiaba o dejar de ver a esas "personas" que no me agradaban para nada. No es sólo tener tiempo casi de sobra o levantarse a la hora que se te antoje...es todo lo que he avanzado (conmigo misma).
Me siento como Magallanes, descubriendo cosas de mí que antes no había sido capaz de reconocer.
Una de esas cosas es que definitivamente me gusta escribir...recorrer el teclado es una rutina desestresante, apasionante. La competencia entre lo que estoy pensando y la velocidad que alcanzan mis dedos. Lo liberador que puede ser para mí escribrir creyendo que alguien, por ahí me lee y que mis pensamientos no quedaron pegados en el techo de mi dormitorio, olvidados. Hay veces en que escribo con la certeza de que leerá quien tiene que hacerlo y me quedo tranquila, suponiendo que logro comunicarme y, que finalmente, le gané al destino y su mordaza.
Otro "nuevo mundo" es haberme dado cuenta que el principio del fin fue haberme creído demasiado especial...superior a los demás o por lo menos a los que me rodeaban. El peor error que he cometido es creer que soy mucho para este mundo, que nadie está preparado para mí y sentirme en las alturas de la sabiduría y el autocontrol.
Definitivamente estoy lejos de ser súper especial. Sin duda, soy más común de lo que quisiera, pero tengo que reconocerme que... tan mala tampoco soy!!

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