
Fito Páez lo dice: "Hay un boomerang en la city, mi amor. Todo vuelve como vos decís"
La verdad, es que últimamente he comprobado que ésta sentencia debe estar basada en la experiencia empírica de que no hay forma de escapar del pasado. No me refiero únicamente a lo malo del pasado, que obviamente te acecha como vampiro, sobreviviendo de la parte de los buenos momentos que te roba, que te amarga. Honestamente, no puedo obviar que por estos días he sido víctima de ese vampiro, que se roba mis momentos, que le quita el sabor a los chocolates calientes disfrutados con amigos. Últimamente me acechan mis mentiras, latentes, obvias, mal nacidas.
Pero por fortuna (y esto debe ser por mis escasas buenas acciones), también retorno a las buenas costumbres, a los amigos entrañables, a los cariños persistentes, indelebles. Vuelvo a las caricias compartidas, a mi familia, a mis tardes frescas de Cordillera nevada. Vuelvo a mis conversaciones sin sentido, poco interesantes para cualquier habitante ajeno a mi mundo. Vuelvo a los amores verdaderos, honestos, abiertos.
También vuelvo a las promesas que me hice a mí misma. Vuelvo a esas metas que me impuse, buscando escapar de este mal concepto que tengo de mí. Vuelve el deseo de ser mejor persona, luchando con mis pequeñeces, con mis infinitos dobleces.
Vuelven sin querer, las señales. Las pistas del camino que debería seguir y que por miedo le he dado la espalda. Vuelven aunque las eche al olvido, las memorias de días lluviosos bajo un paraguas azul.
Vuelvo a usar, una y otra vez, tres adjetivos para describir una cosa, aunque haya prometido no hacerlo más...

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